La rebelión de los hermanos Kennedy, una historia Yrigoyenista y de ficción Hollywoodense

…No lamemos las botas de la dictadura. ¡Viva la patria!, Todo tiembla y cae, excepto los Kennedy.

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El golpe militar del 6 de septiembre de 1930 asaltó el poder, derrocó al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen y estableció una dictadura. Fue la primera vez en el continente que el fascismo levantó la cabeza y la primera vez en la historia del país que las Fuerzas Armadas encabezaron el poder político.

El gobierno militar quedó dirigido por José Félix Uriburu, quien fue reconocido como presidente de la Nación mediante una célebre y cuestionada Acordada de la Corte Suprema de Justicia que dio origen a la doctrina de los gobiernos de facto.

Uriburu disolvió el Congreso, declaró el estado de sitio, intervino todas las provincias y fusiló a militantes sindicales. La Iglesia Católica volvió a meterse en política, esta vez con una orientación netamente fascista.

Yrigoyen y otros dirigentes radicales estaban presos, el radicalismo estaba en manos de Alvear; la economía estaba en manos de los ingleses y los oligarcas terratenientes; los militares gobernaban. Los militantes boinas blancas tenían todo en contra. Tenían infinitos motivos para encogerse de hombros y borrarse.

Sin embargo, pocos meses después, el 3 de enero de 1932, un grupo de valientes ciudadanos entrerrianos y radicales, comandados por tres productores rurales: Eduardo, Roberto  y  Mario Kennedy, se levantaron y tomaron la ciudad de La Paz (Entre Ríos), en defensa de la democracia, contra el gobierno militar de facto del dictador Uriburu.

Hace más de 80 años, ese grupo de ciudadanos paceños encabezados por tres corajudos hermanos salió a la calle a pelear por la democracia. Si bien el intento revolucionario fracasa y Eduardo, Roberto  y Mario Kennedy no lograron su objetivo, en el pueblo quedó el espíritu de lucha desplegado en defensa de las instituciones democráticas.

Fue una de las primeras expresiones del pueblo en defensa de las instituciones democráticas, porque ellos (por los Kennedy) no representaban a ninguna institución”, detalló el subsecretario de Cultura de la provincia de Entrerios, Roberto Romani

Luego de gestar la contrarrevolución, los hermanos salieron de la estancia Los Algarrobos, en el Distrito Estacas rumbo al pueblo. Acompañados de un puñado de hombres- se habla de 14- armados toman el control de la ciudad, tras entrar en la Jefatura de Policía. “Ellos empiezan a esperar refuerzos militares importantes, pero no llega nadie porque a último momento se filtró la información del levantamiento y en el resto del país se aborto el plan”, explicó Romani, quien destacó: “Así y todo siguieron adelante; ellos eran muy buenos tiradores”.

Luis Etchevehere, siguiendo órdenes del Estado nacional mandó a reprimir la asonada por agua, tierra y aire. Siete aviones de guerra lanzaron sus bombas sobre el monte paceño: “Todo tiembla y cae, excepto los Kennedy”, cuenta la leyenda.

“Se hacen bandos poniendo precio a los hermanos Kennedy porque era imposible encontrarlos en los campos, anegadizos y montes”, relató Romani, quien aseguró que en aquellos días se ofrecía dinero a quien aporte datos sobre Mario, Roberto y Eduardo Kennedy, y por un tal Chavero. “Ese tal Héctor Roberto Chavero era Atahualpa Yupanqui, quien estaba viviendo a orillas del río Gualeguay en Rosario del Tala. Atahualpa se ganaba la vida como periodista y cuando los Kennedy resuelven hacer la contrarrevolución él marcha para allá”, graficó el funcionario.

La historia dice que los Kennedy lograron exiliarse en Uruguay. “Ahora se está pensando llevar la historia al cine”, indicó Romani quien contó que en la actualidad hay libros y trabajos de investigación que cuentan la historia de esta familia paceña. “A ellos se los presenta como forajidos, pero en su acción hay consignas muy claras de defender la democracia”, subrayó Romani.

“Todo tiembla y cae, excepto los Kennedy”, dice Romani que se decía por aquellos días.

LA REVOLUCIÓN, “la noche del tres, noche buena para la democracia”

Citándolo a Borges, bien podría decirse que a Eduardo, Roberto y Mario, una noche, los está aguardando, la noche en que probarán -por si hacía falta o alguien todavía no lo ha advertido- que son valientes. Es la noche o la madrugada del 3 de enero de 1932, el momento en que debe estallar la revolución radical en Entre Ríos, Corrientes y, según afirman los más entusiastas, en todo el país. Importa poco saber que la revolución fracasará en toda la línea, que los levantamientos no se producirán como estaban previstos y que incluso Pomar (teniente general Gregorio Pomar) enviará un mensaje a La Paz para decir que el levantamiento debe cancelarse, mensaje que por las dificultades de las comunicaciones de la época, o porque algún traidor se interpuso en el camino, nunca va a llegar o va a llegar demasiado tarde.

Esa calurosa noche de verano los conspiradores se preparan para tomar la ciudad. Se reúnen en la casa de uno de los Kennedy. Los hombres llegan a caballo. Un asado en el patio los está esperando. Todos dejan sus chambergos en las perchas de la casa y en una de las camas de un improvisado dormitorio. Las armas las llevan encima, menos los rifles por supuesto. Importan los detalles. Una revolución radical en esos tiempos no era broma. Sabían con certeza que podían morir en el intento, pero sin embargo antes de marchar al combate se despiden con un asado. La ceremonia, el mito antes de la tragedia. A Homero, el detalle le hubiera encantado.

La hora señalada es alrededor de las tres de la mañana. No hay información precisa acerca de los motivos por los cuales en lugar de sesenta hombres, los que van a participar en el combate son catorce, entre los que están Eduardo, Roberto y Mario, pero también el sastre Héctor Papaleo, José Maldonado, Luis Franco, Bernabé Menchaca, Cayetano Romero, Lorenzo Bosch, Paco Sánchez, Lucas Duclós, Fortunato Alegre, Francisco Zoffala y Pedro Oterio.

El objetivo es tomar la comisaría, la oficina de teléfono y los bancos. ¿Por qué los bancos? Para que nadie se aproveche de las circunstancias y saquee los recursos públicos. Son revolucionarios radicales, no delincuentes. La consigna de los conjurados es clara: “No lamemos las botas de la dictadura. ¡Viva la patria!”. Los hombres avanzan agazapados entre las sombras en dirección a la comisaría. No actúan a traición, respetan los códigos hasta en las situaciones límite. No son saqueadores, tampoco carniceros; son hombres de honor, radicales de Alem e Yrigoyen. No tiran emboscados. Antes de iniciar la balacera avisan, pero el aviso incluye las reglas de juego: “Entréguense, porque el que tira, muere”. En la comisaría, los aguardan veinticinco o treinta hombres armados hasta los dientes. Escuchan la advertencia, pero ellos también son hombres valientes y no están dispuestos a entregarse. Pronto sabrán que las palabras de los Kennedy no se las llevaba el viento. Y que su puntería certera era algo más que una leyenda.

Un sobrino de los revolucionarios, Mario Crespo (hijo de Amalia Kennedy), contó lo siguiente: “Yo tenía ocho o nueve años cuando sucede el levantamiento. Ya mis tíos hacían reuniones secretas, en una casa que hacía poco se había construido frente a la mía, calle San Martín casi llegando a las barrancas del Paraná. Mi tío Eduardo vivía constantemente allí y junto a sus dos hermanos y otras personas se juntaban aunque no era un comité radical (…) recuerdo que fuimos al paraje “La Esmeralda” en vacaciones. Una mañana temprano llega una lancha de la Subprefectura con muchos policías y civiles armados “para agarrar a los Kennedy” –era el 4 o 5 de enero de 1932 si mal no recuerdo. Mis tíos estaban escondidos en el monte, en un lugar llamado El Quebrachal, de la estancia Los Algarrobos al este. Parece que alguien los denunció y por eso llegaba la lancha”.

El escritor uruguayo dijo: “Estaban en una feria ganadera efectuando ventas de toros, cuando recibieron noticias del atentado cometido el 6 de septiembre contra la Constitución Argentina. Desde ese momento los hermanos Kennedy vivieron para combatir al dictador”

El 23 de marzo de 2009 el Concejo Deliberante de la ciudad de La Paz (Entre Ríos) denominó la ruta de ingreso a la ciudad “Hermanos Kennedy” (proyecto presentado por el concejal Hugo Segovia). A raíz de la iniciativa del HCD, el 20 de noviembre de 2009 por la tarde se inauguró una placa en el arco de acceso a la ciudad.

Fuentes: Diario UNO; Rogelio Alanís, diario el litoral y  www.laopinionpopular.com.ar/noticia/17831